Bajo condiciones de temperaturas elevadas, radiación intensa, baja humedad relativa y presencia de viento, la atmósfera incrementa de manera marcada su capacidad de extraer agua desde la planta. Este contexto, asociado a un aumento del déficit de presión de vapor y (DPV), por ende, de la demanda evapotranspirativa, puede inducir estrés fisiológico aun cuando el programa de riego esté correctamente dimensionado desde el punto de vista hidráulico. En tales condiciones, el desempeño productivo depende en gran medida de la capacidad del cultivo para sostener el enfriamiento de la canopia, mantener un intercambio gaseoso funcional y conservar la integridad metabólica de los tejidos. La nutrición mineral y el monitoreo del estado nutricional adquieren, por tanto, un rol central como componentes de la estrategia de adaptación del huerto frente a eventos de estrés térmico e hídrico-atmosférico.
Fundamentos fisiológicos que explican la mayor relevancia de la nutrición
La respuesta inmediata de muchas especies frutales frente a un incremento del DPV es la reducción de la conductancia estomática, mecanismo que limita la pérdida de agua, pero que también restringe la entrada de dióxido de carbono al mesófilo. En consecuencia, disminuye la tasa de asimilación de carbono y se reduce la disponibilidad de fotoasimilados para procesos críticos como cuaja, división celular temprana y crecimiento del fruto. De manera simultánea, bajo alta radiación y menor disponibilidad de dióxido de carbono, se intensifica el desacoplamiento entre la energía absorbida por los fotosistemas y la capacidad de utilizarla en la fijación de carbono, aumentando el riesgo de fotoinhibición y de formación de especies reactivas de oxígeno (ROS). Adicionalmente, el aumento de temperatura incrementa la respiración de mantención, elevando el costo metabólico de reparación y homeostasis. El resultado agronómico suele expresarse en pérdidas de rendimiento y calidad en la temporada en curso, así como en una menor acumulación de reservas, con potencial impacto en el comportamiento del huerto en la temporada siguiente.
En este marco, la nutrición mineral es determinante porque modula procesos que se vuelven limitantes bajo estrés: regulación estomática, ajuste osmótico, transporte de asimilados, estabilidad de membranas, funcionamiento del aparato fotosintético y capacidad antioxidante. La importancia relativa de cada nutriente varía según especie, portainjerto, suelo, sistema de conducción, carga y fenología; sin embargo, bajo eventos de alta demanda atmosférica, algunos nutrientes tienden a adquirir un carácter especialmente crítico
Nutrientes de mayor relevancia funcional bajo estrés térmico y alta demanda atmosférica
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Nutriente / elemento |
Función fisiológica principal bajo estrés térmico y alta demanda atmosférica |
Consecuencia agronómica típica si es limitante o desbalanceado (en eventos de alta demanda) |
Consideraciones de manejo y monitoreo (criterios prácticos) |
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Potasio (K) |
Regulación de apertura estomática; ajuste osmótico; mantenimiento de turgencia; transporte de fotoasimilados |
Mayor cierre estomático y menor intercambio gaseoso; reducción de crecimiento y calibre; menor eficiencia del uso del agua; deterioro de parámetros de calidad asociados a transporte de azúcares |
Priorizar suficiencia en periodos de alta demanda atmosférica; interpretar análisis foliar según fenología; revisar antagonismos con calcio y magnesio en suelo y en solución nutritiva; ajustar relación catiónica en fertirrigación |
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Calcio (Ca) |
Estabilidad de membranas y paredes celulares; señalización de estrés; integridad tisular |
Mayor fragilidad de tejidos; mayor susceptibilidad a desórdenes de calidad, menor firmeza y vida de poscosecha; heterogeneidad de suministro a órganos de baja transpiración durante olas de calor |
Monitorear con énfasis en etapas de alta sensibilidad a calidad; evaluar suministro vía suelo y su movilidad (dependencia de flujo xilemático); controlar excesos de potasio, sodio o amonio que compiten; considerar manejo complementario según especie (foliar o suelo) |
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Magnesio (Mg) |
Componente estructural de clorofila; soporte del metabolismo fotosintético; balance energético en hojas |
Disminución de eficiencia fotosintética; mayor susceptibilidad a fotoinhibición bajo alta radiación; reducción de producción de asimilados y potencial impacto en calibre y reservas |
Verificar suficiencia especialmente en suelos con alto potasio o calcio (antagonismos); interpretar síntomas y análisis foliar en función de fenología; ajustar fertilización para sostener actividad fotosintética en periodos cálidos |
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Nitrógeno (N) |
Síntesis de proteínas y clorofila; soporte del potencial fotosintético; crecimiento vegetativo y reposición de reservas |
Deficiencia: caída de fotosíntesis y menor reposición de reservas. Exceso: incremento de vigor y demanda transpiratoria; mayor sensibilidad a estrés térmico; desequilibrios con potasio y calcio; riesgos en calidad según especie |
Manejo de alta precisión: suficiencia sin excesos; ajustar dosis y oportunidad a carga y estrategia de canopia; monitorear con análisis foliar y, cuando corresponda, análisis de suelo/solución; evitar picos de nitrógeno en periodos de mayor riesgo climático |
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Fósforo (P) |
Metabolismo energético (ATP); crecimiento radicular; soporte de reparación y recuperación metabólica |
Menor capacidad de sostener procesos de reparación bajo mayor respiración; reducción de crecimiento radicular y capacidad de exploración de agua y nutrientes; potencial reducción de rendimiento si coincide con etapas críticas |
Evaluar disponibilidad real según reacción del suelo y fijación; asegurar suministro temprano para raíces; monitorear en suelo y foliar según protocolos; ajustar fuentes y ubicación (fertirrigación o localización) según sistema |
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Hierro (Fe) |
Cofactor en transporte electrónico; metabolismo fotosintético y energético |
Reducción de desempeño fotosintético; mayor vulnerabilidad a estrés luminoso; clorosis en suelos con elevada reacción o bicarbonatos |
Monitorear especialmente en suelos calizos o con alta reacción; considerar disponibilidad efectiva más que contenido total; integrar diagnóstico con pH, bicarbonatos y conductividad eléctrica; ajustar estrategia de quelatos o acidificación donde aplique |
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Manganeso (Mn) |
Cofactor en procesos fotosintéticos y enzimáticos; participación en sistemas antioxidantes |
Menor eficiencia fotosintética y mayor sensibilidad a fotoinhibición; deterioro de capacidad antioxidante en estrés |
Evaluar disponibilidad según reacción del suelo; evitar antagonismos; monitorear foliar en fases de alta demanda energética; corregir oportunamente cuando se detecten niveles limitantes |
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Zinc (Zn) |
Cofactor enzimático; síntesis y estabilidad proteica; crecimiento y desarrollo de tejidos |
Reducción de crecimiento y funcionalidad foliar; menor resiliencia metabólica; impactos en desarrollo de órganos jóvenes según especie |
Monitorear en etapas de brotación y crecimiento activo; considerar disponibilidad en suelos con alta reacción; usar estrategias de corrección basadas en análisis y fenología (suelo o foliar) |
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Cobre (Cu) |
Cofactor enzimático; participación en rutas redox; soporte de mecanismos antioxidantes |
Menor capacidad de detoxificación de especies reactivas de oxígeno; debilitamiento fisiológico bajo estrés, con variaciones según especie y manejo |
Evitar tanto deficiencia como exceso; monitorear foliar y en suelo cuando corresponda; ajustar fuentes considerando interacciones con materia orgánica y reacción del suelo |
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Boro (B) |
Integridad de pared celular; crecimiento de tejidos reproductivos; procesos asociados a floración y cuaja |
Disminución de cuaja y problemas en desarrollo reproductivo; fragilidad de tejidos; impactos en uniformidad productiva |
Crítico en ventanas reproductivas; monitorear con precisión y evitar márgenes estrechos entre suficiencia y exceso; ajustar según especie, análisis foliar y condiciones de suelo; considerar verificación en suelo y agua de riego |
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Molibdeno (Mo) |
Metabolismo del nitrógeno (enzimas asociadas a asimilación); soporte de eficiencia metabólica |
Menor eficiencia de asimilación de nitrógeno; agravamiento de restricciones metabólicas bajo estrés; posibles efectos indirectos en crecimiento y rendimiento |
Monitorear en programas donde se observa baja eficiencia del nitrógeno o antecedentes de limitación; considerar su disponibilidad según reacción del suelo; ajustar aportes de forma conservadora y basada en diagnóstico |
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Silicio (Si) (beneficioso) |
Apoyo a tolerancia a estrés abiótico; robustez de tejidos; posible modulación de transpiración y reducción de daño asociado a estrés oxidativo |
Mayor susceptibilidad a daño por estrés en sistemas donde el silicio ha mostrado beneficios; menor capacidad de amortiguar impactos recurrentes del estrés |
Considerar como complemento, no sustituto, de nutrición base y riego; evaluar respuesta por especie y condiciones locales; definir estrategia de aplicación y oportunidad según objetivos (tolerancia a estrés y calidad) y evidencia técnica disponible |
Importancia del monitoreo nutricional y consideraciones para su interpretación
Durante episodios de alta demanda atmosférica, la interpretación del análisis foliar se vuelve más compleja. Cambios transitorios en el estado hídrico del tejido pueden generar efectos de concentración o dilución en los resultados analíticos sin que necesariamente exista un cambio proporcional en la nutrición real del sistema. A su vez, el estrés puede modificar la absorción y redistribución de nutrientes por alteraciones en el flujo de agua en la planta, en la actividad radicular y en la tasa de crecimiento. Por ello, el monitoreo nutricional debe implementarse con un enfoque integrado, en el que los resultados foliares se analicen conjuntamente con registros de clima y con información del estado hídrico del suelo y, cuando sea posible, de la propia planta.
Adicionalmente, la exactitud del diagnóstico depende de la oportunidad fenológica. Los desbalances en floración y cuaja suelen tener efectos más severos sobre número de frutos y potencial de rendimiento, mientras que durante crecimiento y maduración del fruto pueden incidir con mayor fuerza sobre calibre, composición, firmeza y vida de poscosecha. En consecuencia, el monitoreo debe planificarse por ventanas fenológicas críticas y con protocolos de muestreo estrictos (tipo de órgano, posición, edad del tejido y condiciones de toma), con el fin de reducir variabilidad no atribuible a nutrición.
Esquema de monitoreo integrado para condiciones climáticas restrictivas
Un programa de seguimiento eficaz, orientado a decisiones de manejo, considera al menos cuatro componentes:
- Evaluación nutricional (por fenología): análisis foliar (lámina o pecíolo según especie y protocolo) complementado con análisis de suelo, especialmente para bases de intercambio, disponibilidad de nitrógeno, pH del suelo y conductividad eléctrica. El objetivo es traducir el diagnóstico a ajustes de fertilización, definiendo dosis, relaciones entre cationes y oportunidad de aplicación.
- Variables de suelo (monitoreo continuo o periódico): contenido de agua o tensión de agua en el suelo, y conductividad eléctrica de la solución del suelo o del bulbo húmedo cuando corresponda. Esto permite distinguir estrés por insuficiencia hídrica real de estrés inducido principalmente por la atmósfera, y evaluar riesgos de concentración salina bajo alta evapotranspiración.
- Variables climáticas (registro horario y diario): temperatura máxima, humedad relativa, radiación, viento, déficit de presión de vapor y evapotranspiración de referencia. Estos indicadores permiten identificar periodos de mayor riesgo y cuantificar la severidad de la demanda atmosférica.
- Indicadores de planta (monitoreos puntuales o seguimiento en periodos críticos): potencial hídrico, temperatura de canopia y, cuando exista instrumentación, estimaciones de intercambio gaseoso. Estos parámetros aportan evidencia directa de la respuesta fisiológica del cultivo frente al ambiente.
Implicancias agronómicas y objetivos de manejo
En AGROINTEGRAL llevamos más de 15 años apoyando a los agricultores en sus programas de tomas de muestras y diagnósticos de la condición nutricional de sus huertos, para poder llegar a tener programas de fertilización y manejo específicos para cada cuartel bajo sus condiciones edafoclimáticas. Ante eventos de alta temperatura y demanda hídrica atmosférica, la gestión del huerto debe orientarse a sostener el balance hídrico y el balance de carbono, minimizando el deterioro del aparato fotosintético y la pérdida de integridad tisular. Un estado nutricional adecuado y monitoreado con criterio permite: mejorar la regulación estomática y el ajuste osmótico; reducir el riesgo de daño oxidativo y desórdenes asociados a fragilidad de tejidos; sostener procesos reproductivos y de crecimiento del fruto en etapas sensibles; y preservar la acumulación de reservas que condiciona la productividad de la temporada siguiente. En síntesis, la nutrición y el monitoreo nutricional, integrados con información climática e hídrica, constituyen componentes fundamentales para reducir la vulnerabilidad del sistema productivo frente a olas de calor y periodos de elevada demanda atmosférica.