¿Qué ocurre en las raíces cuando el suelo permanece saturado o inundado durante el invierno?

¿Qué ocurre en las raíces cuando el suelo permanece saturado o inundado durante el invierno?

¿Qué ocurre en las raíces cuando el suelo permanece saturado o inundado durante el invierno?

Durante los inviernos lluviosos es frecuente encontrar sectores del huerto donde el agua permanece acumulada durante varios días, especialmente en suelos arcillosos, compactados, con drenaje deficiente o con estratas que impiden el movimiento del agua en profundidad.

A primera vista, podría pensarse que el principal problema es simplemente que existe demasiada agua en el suelo. Sin embargo, desde el punto de vista fisiológico, el daño más importante no es producido directamente por el agua, sino por la falta de oxígeno que se genera en la zona donde se encuentran las raíces.

Cuando el suelo se satura, el agua ocupa prácticamente todos los poros que normalmente contienen aire. Como consecuencia, disminuye rápidamente el intercambio gaseoso entre el suelo y la atmósfera, y las raíces comienzan a quedar expuestas a condiciones de hipoxia —bajo contenido de oxígeno— o incluso anoxia, cuando el oxígeno prácticamente desaparece.

Esta condición afecta el funcionamiento de las raíces, modifica las propiedades físicas y químicas del suelo, cambia la disponibilidad de varios nutrientes y puede tener consecuencias que se manifiestan no solo durante el invierno, sino también durante la brotación, la floración y el crecimiento de los frutos en la temporada siguiente.

La gravedad dependerá de distintos factores: cuánto tiempo permanece saturado el suelo, la temperatura, la textura, la profundidad de las raíces, la existencia de compactación o napas freáticas, la especie frutal, el portainjerto, el estado fenológico y si el árbol se encuentra o no sosteniendo fruta.

El verdadero problema: la falta de oxígeno en las raíces

En un suelo bien estructurado, los macroporos contienen aire y permiten la entrada de oxígeno hacia el sistema radicular. Los microporos, en cambio, cumplen principalmente la función de almacenar agua.

Cuando el suelo se satura, incluso los macroporos se llenan de agua. En estas condiciones, la difusión del oxígeno es extremadamente lenta en comparación con lo que ocurre cuando los poros contienen aire.

El poco oxígeno que permanece atrapado en el suelo es consumido por las raíces, los microorganismos y la descomposición de la materia orgánica. Si el agua no drena, el oxígeno puede agotarse progresivamente y las raíces comienzan a perder su capacidad de respirar normalmente.

La respiración aeróbica es el proceso mediante el cual las raíces producen la energía necesaria para mantener sus funciones. Entre estas funciones se encuentran el crecimiento de nuevas raíces, la absorción de nutrientes, el transporte de iones, la mantención de las membranas celulares y la defensa frente a patógenos.

Cuando falta oxígeno, la raíz debe recurrir a procesos fermentativos que generan mucha menos energía. La planta puede sostener esta condición durante un período limitado, pero si el anegamiento continúa, las células comienzan a deteriorarse.

Por esta razón, una planta que se encuentra rodeada de agua puede mostrar síntomas muy parecidos a los de una planta sometida a sequía. Aunque exista abundante agua en el suelo, las raíces dañadas ya no son capaces de absorberla y transportarla adecuadamente hacia la parte aérea.

En estos casos se puede observar:

cierre de estomas;

disminución de la fotosíntesis;

marchitez;

pérdida de color o amarillamiento;

caída de hojas;

detención del crecimiento;

caída de frutos;

muerte de brotes o ramas.

Se trata, por lo tanto, de una especie de sequía fisiológica. El agua está presente, pero la raíz no puede utilizarla adecuadamente.

 

¿Qué ocurre directamente en el sistema radicular?

Las primeras estructuras afectadas suelen ser las raíces finas, los pelos radicales y los ápices que se encuentran en crecimiento. Estas raíces son precisamente las que realizan una parte importante de la absorción de agua y nutrientes.

Cuando disminuye el oxígeno, se detiene la formación de nuevas raíces y comienza la muerte de los tejidos más sensibles. Las raíces pueden adquirir una coloración parda, gris o negra, perder firmeza y presentar desprendimiento de la corteza.

Si la condición se mantiene, el daño puede avanzar hacia raíces de mayor diámetro.

Esto tiene varias consecuencias. Por una parte, disminuye la superficie efectiva de absorción. Por otra, se interrumpe el transporte de agua y nutrientes hacia la parte aérea. Además, el árbol debe utilizar sus reservas de carbohidratos para mantener tejidos dañados y posteriormente formar nuevas raíces.

Una vez que el suelo drena, el problema no necesariamente termina. Las raíces deben enfrentar nuevamente la entrada de oxígeno, situación que puede producir un aumento de especies reactivas de oxígeno y generar un daño adicional por reoxigenación.

Por esta razón, algunos árboles continúan deteriorándose varios días después de que el agua ha desaparecido de la superficie.

También hay que considerar que un suelo aparentemente seco en los primeros centímetros puede continuar saturado en profundidad. Esto ocurre con frecuencia cuando existe una estrata compactada, una capa arcillosa o una discontinuidad textural que genera una napa temporal.

 

Saturación del suelo y enfermedades radiculares

Los suelos saturados también crean condiciones favorables para el desarrollo y desplazamiento de algunos patógenos radiculares, especialmente oomicetes como Phytophthora y Pythium.

Estos organismos producen estructuras móviles que pueden desplazarse en el agua del suelo y alcanzar fácilmente las raíces.

Sin embargo, es importante diferenciar ambos problemas. La falta de oxígeno, por sí sola, puede provocar muerte de raíces. No todos los daños observados después de un anegamiento son necesariamente causados por Phytophthora.

Lo que ocurre con frecuencia es que ambos factores se presentan al mismo tiempo. La hipoxia debilita las raíces y reduce su capacidad de defensa, mientras que el patógeno aprovecha el tejido debilitado para colonizarlo. En estas condiciones, el daño puede avanzar mucho más rápidamente.

Esto es especialmente importante en palto, cítricos y algunas especies de carozo, donde la combinación entre saturación y enfermedades radiculares puede provocar un deterioro severo del árbol.